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COHERENCIA. Desmontando el mito.

Updated: Apr 16



¡Hay que ser coherentes!

La coherencia es un valor

La coherencia goza de una fuerza irresistible

La coherencia debe trasmitirse de padres a hijos

Y un montón de atributos destinados a la coherencia y de los cuales no estoy del todo de acuerdo. Y como siempre, me acojo a las neurociencias para desmontar el mito.


Ser coherente significa que existe una línea continua entre lo que piensas, sientes y haces. Una ausencia de contradicción entre pensamiento, emoción y acción. Lo cual deja al descubierto que la coherencia esta inevitablemente moderada por el nivel de conciencia desde el que te desenvuelves o por la parte del cerebro involucrada en tu forma de tomar decisiones partiendo de lo que piensas y sientes.

Ejemplos de coherencia desde el cerebro primario “instintivo” focalizado exclusivamente en la supervivencia y la continuidad han sido responsables de los genocidios y las masacres más aberrantes. Por no hablar de dictadores, tiranos y opresores que fieles a su egoísmo y ceguera cognitiva se suman a los mismos actos deleznables, así como a los de fanáticos, terroristas o asesinos inteligentes, metódicos y competentes altamente coherentes, aun aceptando la posible patología. Y no quiero entrar en temas de religión y las atrocidades llevadas a cabo en nombre de Dios y su convencido y coherente sentir.

A estos niveles tan escasos de conciencia, y ante un Dios de corte obstinado y autoritario, si existe el sentimiento religioso suele ser bastante radical e intolerante, estimando herejía, blasfemia y objeto de condena a cualquier corriente ideológica contraria a su credo. Tales estrecheces de pensamiento han sido y siguen siendo causa de innumerables pérdidas a lo largo de la historia de la humanidad desde los ámbitos de la ciencia, la filosofía y la religión.

Bin Laden era coherente con lo que pensaba, sentía y hacía

Stalin era coherente con lo que pensaba, sentía y hacia.

Mao Zedong era coherente con lo que pensaba, sentía y decía.

Hitler era coherente con lo que pensaba, sentía y decía. De hecho siempre me han impresionado estas palabras que demuestran claramente su adoración al instinto y lo consecuente que fue con ello.


El instinto lo domina todo y del instinto nace la fe... mientras la gente común de mentalidad sana estrecha instintivamente sus filas para formar una comunidad del pueblo, los intelectuales siguen su propia ruta como gallina en un gallinero. Con ellos es imposible hacer historia. No pueden utilizarse como elemento de apoyo de una comunidad. Adolph Hitler


Gente estúpida, malvada e inconsciente ocupa posiciones de mando en dirección y liderazgo siendo altamente coherentes con su estupidez, malicia e inconsciencia.

El cerebro primario, reptil, sigue moderando muchos de nuestros comportamientos convencidos de su coherencia.


Dice Abel Cortese, "Nuestro cerebro primitivo de reptil, nos guste o no nos guste reconocerlo, aún dirige parte de nuestros mecanismos para cortejar, casarse, buscar hogar y seleccionar dirigentes y es responsable de muchos de nuestros ritos y costumbres.


Luego tenemos a todos esos coherentes límbicos que apoyados en el cerebro medio o emocional meten tantas veces la pata en su aparente coherencia. ¡Es que soy así! ¡No puedo evitarlo! Justifican entre queja y queja. Pensar, lo que se dice pensar, piensan, aunque son incapaces de gestionar, comprender o manejar sus desordenes emocionales derivados de cuestiones internas no resueltas (prejuicios, deseos, temores, apegos).


Carl Gustav Jung, nos recuerda: "Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca".


No hay duda de que en ellos existe coherencia. Una coherencia acorde a su desborde emocional, distorsión de pensamiento y acciones erróneas como consecuencia. Errores, que por cierto, nunca reconocen fieles a su todavía incipiente nivel de conciencia.


Subiendo escalones en conciencia, les siguen los coherentes racionales con conocimiento de sí mismo. Son auto-consciente, y capaces de comprender la naturaleza de sus pulsiones sin dejarse arrastrar por ellas ni por las caprichosas demandas de la emoción cuando estas intentan tomar el mando. Gustan de ser objetivos, optando por una mirada más amplia de la realidad independientemente de sus necesidades particulares y condicionamientos mentales. Sin ser esclavos de su historia.


Como bien apunta José Saramago: "Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir."


Y por fin llegamos al estado más elevado de coherencia. La coherencia en toda su magnitud. Los coherentes conscientes, capaces de dominar sus inclinaciones mecánicas (el instinto), integrar lo que sienten y trascender lo que piensan. No por dejar de pensar sino por no identificarse con el pensamiento y ser capaces de percibir la realidad esencial, más allá de el. Abriéndose a la consciencia y dejándose conducir por la forma más alta de inteligencia, la intuición, una maravillosa facultad que les permite comprender las cosas al instante, desde un saber que nace de dentro. Sabiendo sin saber porqué.

De esa coherencia consciente nace la sabiduría que va más allá del conocimiento; más allá de la experiencia; que conecta con un amplio campo de información invisible y ajena a los condicionamientos (ideologías, doctrinas, escuelas, creencias…) y las emociones atrapadas en las heridas del pasado. Una sabiduría de la que surge la verdadera coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos con una comprensión absolutamente holística de la realidad.


No hay Infierno sino individualidad, no hay Paraíso sino altruismo. Abil-Kha

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​© 2013 por Emma Barthe.