Cuando ciencia y religión se encuentran

Updated: Aug 20



Reflexionar, comprender, conocer, incluso aceptar, no siempre cambia la percepción de la realidad ni soluciona el malestar o el sufrimiento interno asociado a una situación de conflicto, adversidad, revés o fatalidad generadora de sentimientos poco constructivos. El cerebro no funciona así. El cerebro convierte la información que recibe en datos que a su vez se traducen en química (neurotransmisores, neuropéptidos, hormonas). De esta manera, podemos sentir aquello que estamos pensando.


Si pienso en términos de dolor, rabia, odio, duda, desesperanza, tristeza, negatividad, bajo un prisma de oscuridad, nuestro cerebro acaba creando un patrón neuronal acorde a esos mismos sentimientos provocados por los pensamientos ligados a la experiencia. Así como sentimos, así reacciona nuestro cerebro. Así como reacciona nuestro cerebro, así sentimos. En una continua retroalimentación que, finalmente, genera en nosotros, un particular “estado de ser” .



En el momento en que nos sentimos de acuerdo a lo que pensamos, empezamos a pensar de acuerdo a lo que sentimos, entrando en una realidad de “más de lo mismo”. De esta manera fortalecemos, consolidamos, afianzamos nuestra forma de ser y estar en el mundo.

Creamos un “yo“ condicionado a nuestra memoria particular que nos fuerza a percibir la realidad bajo la misma lente una y otra vez. Nos volvemos adictos a ese estado de ser Y otorgamos el permiso a nuestro subconsciente -abarrotado de datos antiguos grabados ya no sólo en nuestro cerebro sino en todas las células de nuestro cuerpo- para dirigir nuestra vida. Una actualización de nuestro sistema operativo o una nueva configuración de nuestro cerebro es lo que nos permitirá deshacernos de la trama acostumbrada.



Y es en este punto, sin pretender seguir profundizando en la neuroquímica del cerebro, donde encuentro esa conexión entre religión y ciencia que tanto me fascina y sorprende tan gratamente. Al fin y al cabo, ¿qué es la religión (liberada de lo dogmático), sino la disciplina dirigida al Espíritu? Así como la medicina, o la biología lo es para el cuerpo y la psicología o la filosofía lo es para la mente.


En esta ocasión, con esta bella y sabia oración (además de científica) de San Francisco de Asís:

Que allí donde haya odio, ponga yo amor;

donde haya ofensa, ponga yo perdón;

donde haya discordia, ponga yo unión;

donde haya error, ponga yo verdad;

donde haya duda, ponga yo fe;

donde haya desesperación, ponga yo esperanza;

donde haya tinieblas, ponga yo luz;

donde haya tristeza, ponga yo alegría.

¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto

ser consolado como consolar;

ser comprendido, como comprender;

ser amado, como amar.

Porque dando es como se recibe;

olvidando, como se encuentra;

perdonando, como se es perdonado;

muriendo, como se resucita a la vida eterna.

Que maravillosa manera de reflejar como funciona nuestro cerebro.

Cambiamos nuestra forma de pensar, cambiamos nuestra forma de sentir y cambia -o mejor expresado- se transforma, nuestra forma de ser y estar en el mundo.

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​© 2013 por Emma Barthe.