La anarquía como desfiguración de la verdad



Radicales, violentos, ultras, brutales, fanáticos, inconscientes que se hacen llamar anarquistas. Los vemos en cualquier momento de confusión y desorden alzando su aparente lucha por una libertad que apenas entienden asfixiados por su propia esclavitud. Sin capacidad para pensar y discernir desde la conciencia superior. Con un pensamiento fragmentado y dividido incapaz de percibir la realidad con claridad. Toman la rebeldía por bandera, aunque sólo se reduzca a reacciones instintivas pobres en entendimiento e inteligencia.


La palabra anarquía proviene del griego y significa “sin gobierno” “sin autoridad” y desde este punto de vista y alejando el término de los asuntos de estado es precisamente lo que son, “anarquistas”, pero anarquistas de poca monta, sin gobierno ni autoridad sobre si mismos, arrastrados sin control por las pulsiones biológicas más básicas como son el odio, la lucha, la ira, la agresividad, la crueldad, la barbarie, en su afán por destruir y deshacer la convivencia, perturbar el equilibrio, dañar. Un desahogo momentáneo para encubrir un trasfondo de malestar psicológico significativo.


No puede haber orden externo donde se carece de orden interno.


Para ser anarquista, para ser un rebelde y rebelarse, se necesita, primero de todo rebelarse contra uno mismo.


Si se plantea una revolución, que se viva primero dentro de uno mismo, sin mayor acción que la del conocimiento propio.


La comprensión de uno mismo es la auténtica revolución.


Mientras tanto, radicales, violentos, ultras, brutales, fanáticos e inconscientes quédense en casa, pidan soporte a un profesional de la psicología (libre) a un filósofo (libre) y aprendan a conocerse mejor, será la manera de ser auténticos revolucionarios y “crear” en lugar de destruir. De amar en lugar de reaccionar. Con el corazón lleno y la mente vacía para vislumbrar la verdad.

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​© 2013 por Emma Barthe.