LA SOMBRA, esa gran Hija de P...








A propósito de la última clase.



Los seres humanos tenemos una cierta tendencia a rechazar lo que no podemos aceptar de nosotros mismos e intentamos, en lo posible, mantenerlo en la sombra con el fin de poder disfrazarlo y ocultarlo al exterior. De hecho, en psicoterapia utilizamos el término “sombra” para hacer referencia a esa parte del inconsciente donde se acumulan todas aquellas facetas que, por ser consideradas indeseables, no se reconocen o no se quieren reconocer como propias pero que, no por ello, dejan de ser menos reales ni dejan de tener efecto sobre nuestra forma de ser y estar en el mundo. El cerebro cuenta con mecanismos biológicos específicos que nos permiten esconder en el olvido aquellos recuerdos que por indeseables o traumáticos preferimos suprimirlos de nuestra memoria.


La sombra está constituida por todos aquellos contenidos psicológicos (pensamientos, sentimientos, inclinaciones, acciones) que hemos reprimido, negado, disociado, desplazado, enajenado, prohibido, excluido, ocultado por resultar inaceptables y dolorosos.


Sin embargo, como entidad proscrita, la sombra reclama desesperadamente su lugar, y como esa gran hija de p… encontrará la manera de salirse con la suya mientras nosotros nos vemos obligados a la creación de múltiples sistemas defensivos para conseguir enmascararla y mostrarla al exterior de una forma disimulada y poder aliviar, así, la asfixia que conlleva su contención. Por más que creamos que la hemos dejado atrás. allí sigue, oculta pero presente, boicoteando tus mejores intenciones y haciendo sombra a tu mejor yo.


En mayor o menor medida, cada uno de nosotros carga con una parte de sombra que, de no ser enfrentada, conseguirá someternos a su influencia y dominio, además de impedirnos expresar nuestra potencialidad real. Detrás de nuestras obsesiones y necesidades de control, de nuestros complejos e inseguridades, de nuestros miedos y ansiedades, de nuestras múltiples contradicciones, y otros muchos síntomas o alteraciones psicológicas existe una sombra que usurpa nuestro ser genuino y ensombrece nuestra propia luz. De alguna manera negar la sombra, es vivir en la sombra


Mejor no engañarnos. A la sombra hay que mirarla de frente -para ello el autoconocimiento y la terapia es fundamental- establecer un dialogo sano con ella e invitarla a ser integrada para poder recibir la luz de nuestra esencia natural. Nuestra propia luz. Sin sombra.

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