Más allá de la existencia. El encuentro con nuestra esencia.

Updated: Jul 1




Esta semana me han llegado algunos comentarios que me han hecho reflexionar:





-Emma, más que una psicóloga, es una guía espiritual - decía uno

-En Emma hay una filósofa que nos guía espiritualmente a descubrir nuestra excepcionalidad- decía el otro

-Emma nos guía hacia la verdad, la bondad y la belleza- decía el último.

Estos tres comentarios en un breve espacio de tiempo, han sido el estímulo necesario para que me apuntara a un máster en filosofía. He de reconocer que, más allá de la psicología, lo que hago en casi todas mis intervenciones es filosofía aplicada a las cuestiones existenciales y especialmente esenciales.

Básicamente, invito al discernimiento, desde el autoconocimiento y la indagación en el ser.

¿Y acaso no es la filosofía una invitación al discernimiento?


Si también se interpretan mis intervenciones, como "guía espiritual", dejaré a un lado la connotación, un tanto ambigua y vaga, del término espiritual y aceptaré la consideración. Al fin y al cabo, somos mucho más que un mero mecanismo biológico.

¿Cuántas personas, olvidadas de ser, han perdido su equilibrio y bienestar interior? ¿Cuántas personas alejadas de su verdadera esencia construyen una vida ficticia y artificial que acaba siendo intolerable para sí mismas? ¿Cuánto personaje ocultando lo que de verdadero existe dentro si mismo? Y quizás esas otras preguntas no menos importantes: ¿Cómo lograr manifestarnos desde la expresión de nuestra naturaleza intrínseca? ¿Cómo escuchar nuestra propia voz? ¿Cómo madurar, elevar nuestra conciencia y conectar con la propia esencia? Esa parte que por genuina, autentica y libre nos aproxima a la propia verdad. A nuestro centro fuente de todo nuestro potencial.


Nuestra tarea principal como seres humanos es discernir. Indagar en el Ser y descubrir nuestra naturaleza profunda. Sin discernimiento no puede darse una verdadera maduración psicológica que acompañe nuestra manera de sentir y pensar, ni posibilidad de acceder a los dominios superiores de conciencia de acceso directo a lo esencial.

El discernimiento es una cualidad que nos permite separarnos, tomar distancia y observar al mundo y a nosotros mismos de una forma desapegada y libre de las influencias de nuestras programaciones mentales; Una cualidad que nos otorga el poder vislumbrar con claridad nuestra verdadera naturaleza y dejar al descubierto nuestra esencia, la manifestación del “si mismo” en estado puro.

Discernir es diferente a pensar. Discernir, implica trascender los procesos propios de la mente ordinaria y conducirnos directamente a las profundidades de nuestro ser interior. Nuestro verdadero yo, una vez liberados de todos los condicionamientos que nos impiden expresarnos desde la claridad y la pureza de nuestra naturaleza esencial. Con una conciencia sobre nosotros mismos totalmente ampliada -despierta- y en contacto directo con el Ser. Esa parte de nosotros que no puede ser reducida, fraccionada, determinada o aniquilada por ningún tipo de condicionamiento, por ser, precisamente, inalterable, inquebrantable e inmodificable. Aunque si oculta para aquellos que se alejan cada vez más de su esencia y se centran en las necesidades siempre volubles del cuerpo cuando es meramente mediado por nuestras emociones reactivas y pensamientos condicionados.


Si esta invitación a discernir es lo que me identifica como guía espiritual o incluso filósofa, bienvenido sea. Lo de ser filósofa podré decirlo en unos cuantos meses. Lo de guía espiritual, lo dejo como algo común que no requiere de ninguna titulación. El espíritu no se inventa ni se demuestra. El espíritu no se forma, no se practica ni siquiera se aprende. El espíritu se siente, se saborea, se evidencia y si me atrevo a pronunciar un poco más, se revela ante quien está preparado para recibirlo. Porque al final, una vez liberados de nuestra carcasa física con todos sus registros existenciales, el Espíritu, es lo único que queda

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​© 2013 por Emma Barthe.