• Emma

Navidad en tiempos de resentimiento

Updated: Dec 23, 2020





Si hay algo que se repite cercano a las fechas de Navidad es tomar una mayor conciencia de lo que nos falta, hemos perdido o dejado pasar en cuanto a relaciones personales -Distancia entre padres e hijos, entre hermanos, entre amigos, entre compañeros-


Hace unos días escuchaba los sollozos de una madre frente al desprecio de una hija que ha decidido darle la espalda y retirarle la palabra. Comunicación imposible, afecto inexistente, dolor en aumento. ¿Razones? Ninguna tan importante como para castigar con el insufrible silencio y la perpetuidad de una condena emergida de la insensibilidad del que se ha convertido en verdugo, incapaz de perdonar ni de recibir el perdón del otro, por una acumulación de resentimiento y amargura, sin comprensión ni conciencia.


Perdonar es amar. Ese amor maduro y verdaderamente compasivo, que incluso frente a lo imperdonable, es capaz de hacer un alto en el camino y coger una nueva dirección que conduzca hacia la construcción de puentes en lugar de a la edificación de muros.


De hecho, en lo imperdonable, es donde reside la verdadera esencia del perdón.

¿De que valdría el perdón si no es frente a lo imperdonable?


Perdonar es cosa seria. Y lo que no es serio, es esa clase de tacañería y mezquindad emocional que por pobre en espíritu ve agravios y ofensas donde sólo hubo errores, deslices y traspiés.


Negar un perdón es negar la legitimidad del otro con sus propias virtudes y sus propios defectos, con sus fortalezas y sus debilidades, incluso con su vulnerabilidad e ignorancia.

Una mente que no perdona es una mente a la que no le interesa la verdad y es capaz de arrasar con todo aquello que contradiga su particular percepción de la realidad, con tal de mantener al reo causa de su mal, encarcelado en la imperdonable culpa.


Perdonar es inclinarse por la regeneración de las viejas heridas. Es saber transformar el dolor e integrarlo como aprendizaje. Es el renacimiento de la reunión. Es el volver a encontrarse y renacer en la unidad.


Una nueva relación que, curiosamente, empieza con uno mismo. Porque perdonar, también supone asumir la propia culpa y propia fragilidad.


El perdón es gratitud y como tal nace de un corazón generoso. Es expresión y manifestación de un amor autentico e incondicional.


Sólo aquel que conoce el amor es capaz de comprender y llegar a perdonar, aunque paradójicamente, cuanto más te abres al amor más te das cuenta de que, finalmente, no hay nada que perdonar.


Nunca es tarde para sanar los vínculos, aprovecha estas Navidades para dar ese paso necesario para la Reunión, al fin y al cabo, de eso trata la Navidad, de reunirse y renacer -aunque sea virtual, dadas las actuales circunstancias-



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​© 2013 por Emma Barthe.