Si te preocupa lo que comes, imagínate lo que piensas.

Updated: Feb 7





Reconocer la importancia de una dieta saludable está en auge.


Hoy sabemos que el alimento que ingerimos no es sólo clave para el sostenimiento de nuestro cuerpo, también lo es para nuestra psique, pudiendo ejercer una influencia considerable en nuestro estado de bienestar psicológico.


Existen alimentos que pueden atenuar los síntomas de ciertas enfermedades mentales, disminuir los efectos secundarios de la medicación o aumentar su eficacia, así como la carencia de ciertos nutrientes puede desencadenar en patología mental. Desde este punto de vista el avance es espectacular y el interés va en aumento.





Cada vez son más las personas interesadas en cuidar su alimentación y tomar conciencia de lo que ingieren. Contamos con una amplia bibliografía al respecto, así como son más los profesionales atraídos por esta especialidad. La oferta de cursos y seminarios dirigidos a la alimentación y el estilo de vida saludable es significativamente amplia. Todo un logro propio de una evolución dirigida a crecer en conciencia Y la alimentación no iba a quedarse atrás. Estamos destinados a evolucionar.


Sin embargo, hay algo a lo que quizás no le prestamos la misma atención a pesar de ser igual de importante y fundamental para el mantenimiento de nuestro equilibrio y bienestar.

Existe otra clase de alimento que va dirigido, específicamente, a la mente y que tiene que ver con los procesos de pensamiento, Y no me refiero, en este caso, al hecho meramente biológico que atañe a la química de los alimentos y de cómo estos influyen en nuestro estado psicológico -realidad altamente demostrado- sino a esa otra clase de alimento que es capaz de nutrir nuestra esencia y activar nuestra potencialidad real. Aquella que nos permite expresar lo mejor de nosotros mismos -desde la esencia- mientras deambulamos por los diferentes senderos de la existencia, llenos de sorpresas, imprevistos y algún que otro sobresalto.


Porque no solo de pan vive el hombre”


También nos nutrimos de pensamientos y de aquellas emociones que se derivan a partir de ellos. Nuestra mente se alimenta y nutre de pensamientos. Son los pensamientos los que, en definitiva, influirán en la digestión de nuestra existencia. Porque la vida, en su gran variedad de ingredientes y sabores, también hay que digerirla, absorberla y asimilarla, sin que se nos atraganten o aturdan las experiencias.



-Y ahora como digiero todo esto. No voy a ser capaz de asimilarlo- me comentaban en consulta recientemente.


-Deberás absorberlo como aprendizaje y desechar las heces de tu mente- invitaba yo.

-Cómo se come esto? Me decían en otra

-Pues echándole algún que otro digestivo- respondía yo.



A través de la digestión transformamos los alimentos ingeridos en sustancias que el organismo asimila para la nutrición, así como eliminamos aquellas otras que le son inservibles o perjudiciales.


De la misma manera, cuando interpretamos la realidad que nos acontece -sucesos, circunstancias, condiciones- tenemos que asegurarnos de que la estamos digiriendo de forma adecuada -masticación, asimilación, absorción y excreción- para poder nutrirnos de cada experiencia. En definitiva, quedarnos con lo bueno al mismo tiempo que nos desprendemos de lo malo.


No ser capaces de prescindir, excluir, descartar de nuestro pensamiento lo que nos resta energía, lo que desgasta y debilita, lo que nos impide mantener el equilibrio y seguir avanzando puede ocasionar, metafóricamente hablando, serios problemas de digestión psicológica, llevarnos a la malnutrición psicológica y arrastrarnos a la enfermedad psicológica. .


Hay alimentos energizantes, constructores y reguladores. La misma clasificación podríamos hacerla con respecto a los pensamientos. Pueden ser energizantes, constructores y reguladores. Como también pueden ser poco recomendables, tremendamente tóxicos y dañinos para nuestra salud emocional.



Los pensamientos son la antesala de las emociones y las emociones son la antesala de las acciones. Así como piensas sientes, así como sientes actúas o decides, así como decides construyes tu destino.


¿Dispuestos a una dieta mental saludable?


Lo importante no es lo que nos sucede sino como interpretamos lo que nos sucede.

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