Sobre la demonización de los padres y los riesgos de generalizar.






En una publicación -con una alta repercusión- y en referencia a la imagen adjuntada en el post, he leído el siguiente comentario:


¡La burla y la crueldad de algunos niños sobre otros es producto de lo que escuchan y ven en sus casas!!




Sin pretender menospreciar el alcance obtenido, (3000 me gustas) y la interacción con el post, (200 comentarios) -un éxito en cuanto a impacto en redes- me resulta necesario remarcar los peligros de generalizar o sobre generalizar, como peligrosa distorsión cognitiva-, que nos lleva a omitir otras realidades igual de válidas.


No podemos demonizar a los padres continuamente. Comprendo, sin lugar a duda, la importancia de la educación en la evolución afectiva y cognitiva de nuestros hijos. De cómo patrones que nosotros mismos arrastramos de nuestros ancestros y que influyen en nuestra forma de actuar y comunicar, son adoptados por nuestros descendientes creando una línea de sucesión psicológica de difícil disolución.


Desde el momento de nuestro nacimiento pasamos por unas etapas de desarrollo que siguen una secuencia prácticamente invariable. El aprendizaje y la maduración originada en cada etapa va a ser, indiscutiblemente, influida por el entorno en el que nos desenvolvemos y las interacciones que establecemos con él (familia, escuela, primeras relacione). No es tanto una cuestión de repetición (cómo intenta reflejar la foto) sino más bien, de como interactuamos y asimilamos las experiencias desde temprana edad.


Dicho esto, se nos escapa que la genética también puede jugar un papel considerable. Hoy sabemos que determinados genes favorecen o influyen en nuestro comportamiento agresivo, violento, egoísta, cruel, antisocial adictivo y pernicioso. Y muchos padres se encuentran con la difícil tarea de reorientar esas inclinaciones o predisposiciones genéticas, que parecen venir de serie. Somos historia y en nuestro interior, desde el primer humano, habitan toda clase de personajes que pueden despertarse en cualquier momento sin que los padres tengan nada que ver en ello. Los genes ejercen un papel significativo en la bioquímica del cerebro y en cómo se comunican entre sí las neuronas, lo que influye, irremediablemente, en nuestra conducta.


También determinadas causas físicas – errores de conexión- pueden alterar el comportamiento humano, sin que una vez más, los padres tengan nada que ver en ello.


Por otro lado y apoyado en mi experiencia como profesional, no son pocos los padres que piden consulta y asesoramiento a este respecto y a la espera de adquirir habilidades par lidiar con la situación.


Dicho esto, demonizar a los padres, resta responsabilidad y afianza la culpa.




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