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Tiempo de Amor.



La oración no sirve para nada más que para aliviar nuestro sentimiento de impotencia frente a la in-comprensión de lo que ocurre y afrontar lo que es. Pedimos un milagro que alivie o acabe con el dolor, el sufrimiento o incluso la muerte. ¿Pero de verdad creemos que vamos a influir en lo que vaya o no vaya a pasar frente a los infortunios que escapan a nuestra comprensión por medio de la oración?



¿Tal vez si hubiéramos rezado lo suficiente no hubieran pasado las innumerables pérdidas de seres queridos, amigos, conocidos y resto de la humanidad sufriente? ¿Dónde está la diferencia entre una oración milagrosa y otra que no lo es? ¿La calidad de la oración? ¿La cantidad de tiempo empleado? ¿El peso de la creencia? ¿La intensidad de la idolatría? ¿El poder de la concentración?

Orar para provocar algún milagro me parece de lo más osado y egocéntrico.

La cosa no funciona así.

Algo muy distinto es qué a través de ese momento de silencio contemplativo que podemos llamar “oración” nos convirtamos en Fuente y chorro de Amor sin necesidad de pretender provocar algún milagro.

No quiero un milagro quiero Amor y si me pongo en el SER no quiero nada. Ese es el Milagro.

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​© 2013 por Emma Barthe.