Yo animal, tu animal, nosotros animales.




Ayer, entre dos conductores:

- ¡Pedazo de animal! ¡Serás animal!

- ¡Animal será tu padre!

- Vete a la... , ¡Animal!

Y yo pienso… que acertados están.



Porque nos guste o no nos guste reconocerlo, animales somos todos -algo más también- pero animales somos. Y de ese “algo más” trata precisamente la psicología y por supuesto la filosofía cuando ambas se enfocan hacia el autoconocimiento y la indagación en el Ser.


¿Quién soy yo?

Nuestra psique, el psiquismo humano, es una emergencia del psiquismo animal. Brota o surge a partir del perfeccionamiento del psiquismo animal. De un salto cualitativo en complejidad, especialización y plasticidad, que le ha permitido convertirse en humano.

El cerebro humano es la continuación del proceso de evolución del cerebro animal (reptil, mamífero, homo). De hecho, muchos de nuestros comportamientos que creemos propios de los humanos no son más que una versión humana de los programas cerebrales de los animales. Nuestra herencia es primordialmente animal.

La maternidad, la paternidad, la territorialidad, determinados comportamientos sexuales, el apareamiento y la reproducción, la supervivencia (lucha y huida), la adaptabilidad, la colectividad, el cortejo y el poder como dominio, son programas animales.

Lo que nos separa del mundo animal no es más que el refinamiento de esos mismos instintos. No tanto por una cuestión de inteligencia, sin pretender menospreciarla, sino por una cuestión de conciencia.

Precisamente y desde la psicología, sabemos que la mayoría de conductas psicopáticas, antisociales o sociópatas, se dan en personas con graves alteraciones en sus programas instintivos, a causa de alguna anomalía genética. Los psicópatas carecen, por ejemplo, de instinto maternal, no sienten respeto por el otro, no saben convivir ni se preocupan de la seguridad del otro, no aceptan los límites y viven el miedo de diferente manera así como el uso que hacen del poder.

De la misma manera, muchas de las neurosis o malestares psicológicos que se presentan en los despachos de psicología tienen que ver también con una falta de integración de las conductas primarias. Sentirnos incompletos por no tener hijos, (reproducción), sentirnos incompletos por no tener pareja (apareamiento), sentirnos culpables por no seguir o continuar las tradiciones familiares o perder la propia identidad por seguirlas (preservación y continuidad) sentirnos faltos de valor por no ser parte de... (gregarismo) y otra clase de inseguridades que tienen que ver con las necesidades básicas convertidas en deseos insatisfechos y persistentes que te apartan del Ser completo y auténtico.

Curiosamente, dejamos de ser humanos o perdemos nuestras cualidades humanas cuando no integramos nuestra naturaleza animal ni logramos trascenderla desde la conciencia plena. Desde la comprensión profunda de nuestra naturaleza última. De eso trata la existencia, de viajar desde lo inconsciente a lo consciente (integrar y trascender) hasta culminar en el Ser.

¿Y qué nos acerca a la trascendencia y a la apertura de conciencia?

El autoconocimiento. Del conocimiento propio emerge la verdadera liberación y el sentido de plenitud.

Somos animales, sí. Pero por encima de todo somos seres trascendentes. Conócete a ti mismo.

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​© 2013 por Emma Barthe.